Escuela de novios

Autor: Mons. José Ignacio Munilla Aguirre  

 

 

            En el marco de las Charlas Cuaresmales que tradicionalmente suelen ofrecerse en nuestra Diócesis palentina, hemos podido escuchar una conferencia que ha tenido un eco muy especial en el auditorio. Don Miguel Ortega, terapeuta familiar de la Diócesis de Getafe, compartía su experiencia con nosotros, disertando sobre las causas de las crisis matrimoniales y también nos ofrecía algunas pautas de terapia familiar.           

            Está claro que la “salud del matrimonio” está muy condicionada por la “calidad del noviazgo” previo. Inevitablemente, las carencias del noviazgo se arrastran al matrimonio. Sería bastante ingenuo pensar que la mera novedad del cambio de estado de vida, o la gracia del sacramento, fueran a subsanar las lagunas existentes en la educación del amor humano. Tampoco cabe esperar que el cursillo prematrimonial que una pareja realiza en las semanas o, a lo sumo, en los meses previos a la celebración de la boda, vaya a ser suficiente para suplir el proceso que debiera haberse recorrido durante los años de noviazgo.

            La conclusión es bastante evidente: es necesaria una orientación pastoral en la etapa del noviazgo. Aunque el reto sea difícil, sería un gran logro si consiguiésemos poner en marcha una “Escuela de novios” en nuestro Centro de Orientación Familiar (COF). ¡Son tantos los temas que debieran plantearse en esa Escuela!

            1º.- Enamoramiento sin ceguera: ¿A quién amamos? ¿A la persona real que está junto a nosotros, o a una imagen idealizada de lo que nos gustaría que fuera? Muchísimas de las crisis matrimoniales tienen su origen en el desencanto, al comprobar que la realidad difiere mucho del aquel sueño primero. Nuestro refranero señala un peligro real cuando dice aquello de “El amor es ciego”.

            Las relaciones prematrimoniales están contribuyendo también a acrecentar esa ceguera característica del enamoramiento. La relación sexual a destiempo tapa los problemas en vez de afrontarlos. Se ha insistido mucho en que las relaciones sexuales son necesarias para conocerse y sin embargo, resulta que disponemos de unos datos estadísticos inexorables, en los que se comprueba que las parejas que han convivido antes de casarse, tienen un índice de ruptura matrimonial muy superior a las que no lo han hecho.

            De lo anterior se concluye que, en la relación de los novios, una cierta distancia es necesaria para poder conocerse en profundidad. Si no queremos que haya sorpresas desagradables en el matrimonio, es indispensable una educación en el amor que enseñe a los novios a no “quemar” etapas.

            2º.- Del mini-divorcio al Divorcio: Cuando en el noviazgo se confunde el amor auténtico con un sentimiento inmaduro, cuando se queman las etapas intermedias, cuando el novio o la novia es considerado desde los primeros momentos como un miembro más de la familia de su pareja, cuando en la práctica se confunde la etapa del noviazgo con la del matrimonio, entonces ocurre que las rupturas de los noviazgos son traumáticas, hasta el punto de convertirse en una especie de “mini-divorcios”.

            De esta forma, el noviazgo, en vez de ser un ámbito en el que se aprender a discernir en libertad, se convierte en una primera experiencia que nos familiariza con el drama del divorcio.

            3º.- La ausencia de un ideal: Posiblemente, la cuestión principal que habría de abordarse en esa “Escuela de novios”, sea el cultivo del ideal común en el que se sustenta la relación de pareja. En efecto, a veces comprobamos que la pareja tiene dos ideales distintos y distantes, sin posibilidad de comunión entre ellos. Otras veces ocurre que no hay “pareja”, sino que “uno” es absorbido por “el otro”, consecuencia inevitable de esa carencia de ideal común.

            De forma muy gráfica, nos decía Don Miguel Ortega en la conferencia que he mencionado, que muchos matrimonios fracasan porque se han quedado en la primera fase del noviazgo. La crisis se les plantea al comprobar que, llegado un momento determinado, ya nada les une: “Mi ideal eras tú cuando te veía vibrar enamorado, pero ahora ya te veo diferente y no hay nada que nos una…”

            El ideal común sobre el que ha de fundamentarse el noviazgo y el matrimonio no puede ser el enamoramiento ciego, ni las metas económicas, ni determinadas ilusiones compartidas, ni tan siquiera el reto de los hijos –que no pueden ni deben suplir el proyecto común de la pareja-… El ideal común ha de ser necesariamente el de un amor maduro, fundado sobre unos valores consistentes.

            Por ello, además de la educación en el amor humano, la Iglesia está llamada a presentar y a proponer  a Cristo como el fundamento del amor esponsal. Los cristianos creemos que el amor de los esposos es un “sacramento”, es decir, un “eco” del amor de Cristo a cada uno de nosotros. El matrimonio cristiano no es cosa de dos, sino de tres, porque la presencia de Jesucristo en medio de la pareja, sustenta, configura y madura el amor humano.

Le pido a la Sagrada Familia de Nazaret que nos conceda la gracia de poner en marcha esta Escuela de Novios.