Ciencia con conciencia

Autor: Mons. José Ignacio Munilla Aguirre         

 

 

La semana pasada se hacía pública la autorización del Ministro de Sanidad al Centro de Investigaciones Príncipe Felipe de Valencia, que permite por primera vez la clonación de embriones humanos, con fines terapéuticos. En realidad, hablando con precisión, deberíamos matizar diciendo que se trataría de una clonación con fines experimentales, aunque con expectativas terapéuticas. Con la brevedad que exige este artículo, me dispongo a hacer unas reflexiones sobre las implicaciones morales de este caso concreto:

A) En contra de la tendencia científica: Todos aquellos que siguen de cerca las apasionantes noticias sobre los avances en la ciencia Biomédica, ya han podido conocer que en la comunidad científica internacional, se ha producido un giro definitivo en la investigación de la Terapia Regenerativa. Las células madre embrionarias han sido totalmente abandonadas en las terapias clínicas, después de haber sido sustituidas por las células madre adultas, las cuales se pueden obtener mediante diversos procedimientos, sin necesidad de sacrificar embriones humanos.

Al margen de consideraciones morales, es un hecho constatado que las células madre embrionarias han resultado ser incontrolables, hasta el punto de desarrollar tumores en los organismos en los que son implantadas. Baste el dato de que de los más de setecientos protocolos de investigación clínica con células madre que se desarrollan en este momento en todo el mundo, ninguno de ellos se está realizando con células madre embrionarias, sino con adultas. En efecto, se ha comprobado que aunque estas últimas tienen menos plasticidad y versatilidad, sin embargo, son más controlables. La conclusión que cabe extraer es bastante clara: Una vez más, el lenguaje de la naturaleza vuelve a converger con los argumentos morales. Afortunadamente, en el caso presente, lo que se opone al bien moral, ha resultado inviable.

Quedaba otra cuestión: aunque las células madre embrionarias no tienen valor terapéutico, sin embargo, son un material biológico precioso para la investigación. Los científicos pueden extraer de esas experimentaciones la información necesaria para que la terapia con células madre adultas resulte más exitosa. ¿Cómo resolver este grave problema moral? ¿Es lícito sacrificar embriones para la experimentación?

Afortunadamente, también aquí la comunidad científica ha dado un paso de gigante: El científico japonés Shinya Yamanaka ha conseguido “rejuvenecer” células adultas, obteniendo la misma utilidad práctica de cara a la experimentación, y sin necesidad de sacrificar embrión humano alguno. Por este novedoso método, la comunidad científica ha accedido al material biológico experimental que necesitaba, con múltiples ventajas: resulta mucho más fácil de obtener, más económico y, por supuesto, es ético.

El propio “padre” de la técnica de clonación, Ian Wilmut, creador de la oveja Dolly, anunció a finales del año pasado que abandonaba la clonación, en favor de esta nueva técnica de “reprogramación” o “rejuvenecimiento” de las células adultas. A pesar de haber obtenido el permiso para iniciar el mismo proceso con seres humanos, ha renunciado al intento, tras reconocer que los avances científicos van en otra dirección.

Lo curioso de la decisión tomada por el Ministro de Sanidad de España, es que su apuesta en estos momentos por la transferencia nuclear (conocida como clonación), tiene lugar cuando la comunidad científica internacional, en su mayoría aplastante, ha abandonado ese camino. Da la impresión de que, con el dinero público, estamos apostando más por una ideología antihumanista, que por el avance científico. Inevitablemente, le viene a uno a la mente el título de aquella película ya clásica: “Los últimos de Filipinas”.

B) En contra de la ética: Como explicábamos anteriormente, en el caso presente, los avances científicos en el campo de la medicina regenerativa, están confluyendo con la ética. Ciertamente, cuando lo “ético” coincide con lo “práctico”, se facilitan mucho las cosas. Pero no nos engañemos, no siempre es así. No cabe duda de que la bomba de hidrógeno, cincuenta veces más poderosa que la lanzada sobre Hiroshima, es un gran avance técnico. Incluso, podría llegar a ser práctica para concluir una guerra, como fue el caso de la bomba atómica en Japón. Pero, ciertamente, su producción y su utilización es inmoral.

Imaginemos por un instante que, a diferencia del estado actual de las cosas, las células madre embrionarias obtenidas por la clonación, fuesen los medios más prácticos para el avance de la medicina regenerativa. ¿Cuál sería la postura razonable y acorde con la dignidad del ser humano?

Hay un principio moral básico, cuya violación necesariamente ha de tener consecuencias gravísimas: “el fin no justifica los medios”. Aplicado a nuestro caso concreto: Un ser humano nunca puede ser manipulado para un fin que no sea su propio bien. Esto incluye también al ser humano en su fase embrionaria. El valor de la vida humana hace ilegítimo un uso meramente instrumental de nuestros semejantes. Por ello, este proyecto de clonación humana aprobado por el Gobierno Español, al igual que la Ley de Investigación Biomédica de marzo de 2007, es gravemente inmoral.

El hombre no puede ser utilizado nunca como un "medio desechable" para conseguir un objetivo, por muy maravilloso que éste pueda presentarse. Fabricar seres humanos como material genético para nuestra curación, es reducir al hombre a la condición de objeto. El ser humano pasa de ser el "paciente" a convertirse en un simple "medicamento".

Más aún, por ese camino estaríamos realizando una auténtica discriminación entre los seres humanos, según la medida de los tiempos de su desarrollo. Un embrión valdría menos que un feto, y un feto menos que un niño, y un niño menos que un adulto, y un adulto más que un anciano. Estaríamos trastocando el principio moral básico, de la necesidad de respetar y defender con el máximo empeño a los que no son capaces de reivindicar y defender su intrínseca dignidad. Definitivamente, una ciencia al servicio del hombre está llamada a avanzar en sintonía con los principios morales. ¡Ciencia con conciencia!