Testimonios heroicos (Sobre los “goles en propia meta”)

Autor: Mons. José Ignacio Munilla Aguirre

 

 

            Esta “sociedad de la comunicación” puede llegar a ser muy parcial e injusta a la hora de destacar determinadas noticias y de dejar otras en el olvido. Gracias a Dios, muchas agencias de noticias religiosas están prestando un gran servicio a quienes se interesan por acontecimientos que permanecen ocultos a las grandes masas, pero que, sin embargo, son muy iluminadores en la comprensión de nuestra propia cultura. Las claves que nos aportan esas “historias desconocidas” son de gran ayuda para educar el necesario sentido crítico y autocrítico ante la cultura dominante.

            Me quiero referir a dos acontecimientos concretos, que han tenido lugar en el corto espacio del último mes:

            + Los días 18 y 19 de mayo se produjeron graves disturbios en cuatro ciudades de Guangxi (China). Nada menos que cincuenta mil campesinos se enfrentaron violentamente con la policía para protestar por la política de hijo único que el gobierno chino les impone. En las semanas anteriores, los responsables de la planificación familiar habían impuesto multas y aplicado abortos forzosos a las mujeres embarazadas que habían infringido la norma. Los que se resistían a pagar fueron detenidos y se confiscaron sus bienes. Los funcionarios llegaron a hacer destrozos en las casas de los detenidos y amenazaron con destruirlas con bulldozers en futuras ocasiones.

            Hasta aquí una noticia que ha encontrado muy poco eco en los mass media occidentales y que, en el mejor de los casos, ha sido presentada exclusivamente bajo la perspectiva de una violación de los “derechos reproductivos”. No es de extrañar que a occidente le resulte un tanto incómoda y hasta antipática la reflexión sobre una noticia en la que fácilmente podemos sentirnos aludidos. Es verdad que en occidente no se está imponiendo la política del hijo único, sino que la estamos decidiendo nosotros mismos…

            “Autogol” es el nombre que, en el mundo futbolístico, suele darse a la acción de quien, en vez de meter el balón en la portería contraria, lo introduce en la propia meta. La crisis de natalidad que vive occidente no es solamente la consecuencia de nuestra libre decisión, sino que es el resultado de una mentalidad antivida, en la que se mezclan factores morales, económicos, laborales, culturales, etc.

            Sé de sobra que muchos matizarán inmediatamente –y no tengo inconveniente en reconocerles su parte de razón- que los métodos de China no tienen nada que ver con los de Occidente. Pero claro, además de los “medios”, está también la cuestión de los “fines”; y tal vez tengamos miedo a reconocer que, en lo tocante al valor de la vida, nuestra mentalidad antinatalista se asemeja mucho más de lo que pudiéramos pensar a la del gobierno chino. ¡A mí me cautiva y me emociona la imagen de los ciudadanos chinos lanzándose a las calles para defender la vida!

            +  El 3 de junio era asesinado en Mosul (Irak) un sacerdote católico caldeo, junto a tres subdiáconos de su parroquia. Fueron tiroteados a sangre fría al terminar la Misa y después colocaron alrededor de sus cuerpos, cargas de explosivos auto-detonables para que ninguno osara acercarse. Era una manera de que los cuerpos acribillados permaneciesen expuestos a los ojos de todo el barrio, infundiendo el terror a los cristianos del lugar.

            El padre Ragheed había nacido en esa misma ciudad hace treinta y cinco años, donde había estudiado Ingeniería. Después se fue a Roma para estudiar Teología y poder ordenarse sacerdote. En el año 2003 regresó a Mosul, porque los cristianos de su comunidad de Mosul estaban en peligro y necesitaban de la compañía y los cuidados de un pastor.

            Gracias a que era corresponsal de la agencia internacional religiosa “Asia News”, hemos podido conocer las crónicas que había escrito anteriormente a su asesinato. El pasado Domingo de Ramos, primero de abril, sufrieron un ataque con mortero durante la celebración de la Santa Misa. Ésta fue entonces su crónica: “Nos hemos sentido como Jesús cuando entra a Jerusalén, sabiendo que la consecuencia de su amor por los hombres será la Cruz. Así nosotros, mientras los proyectiles atravesaban los vidrios de la iglesia, hemos ofrecido nuestro sufrimiento como signo de amor a Jesús”. “Esperamos cada día el ataque decisivo, pero no dejaremos de celebrar la Misa. Lo haremos incluso bajo tierra, donde estamos más seguros. En esta decisión soy alentado por la fuerza de mis parroquianos. Se trata de una guerra, una guerra de verdad, pero esperamos llevar esta Cruz hasta el fin con la ayuda de la Gracia divina”.

            Tan solo unos días antes de su asesinato escribió: “Los jóvenes organizan la vigilancia después de los diferentes atentados ya sufridos por la parroquia, los secuestros y las amenazas interrumpidas a los religiosos. Los sacerdotes dicen la Misa entre las ruinas causadas por las bombas. Las mamás, preocupadas, ven a sus hijos desafiar los peligros yendo a la catequesis con entusiasmo”. “Sin domingo, sin Eucaristía, los cristianos en Irak no pueden vivir. Cristo – decía Ragheed – con su amor sin fin desafía el mal, nos mantiene unidos, y a través de la Eucaristía nos dona nuevamente la vida que los terroristas buscan quitarnos”.

            También ante esta noticia, es justo y necesario que hagamos la consiguiente reflexión: ¿Qué es peor, que sean los terroristas los que intenten impedir a los cristianos celebrar la Eucaristía, o que seamos los propios cristianos los que la menospreciemos? ¿Qué mal es superior para los cristianos: la violencia de la persecución, o la indolencia de la secularización? Poco margen a la duda queda sobre cuál sería la respuesta que este mártir de la Eucaristía daría a estas cuestiones. ¡Lo peor es el gol en propia meta!

¡Gracias, padre Ragheed, porque la noticia de tu muerte –aunque silenciada por la sordina de nuestro desinterés- llega hasta nosotros en medio de nuestras celebraciones eucarísticas! Tu martirio nos ayudará a afianzarnos en las palabras del Evangelio: “quien coma de este pan, vivirá para siempre” (Jn 6, 51).