Y tú, ¿no has pensado alguna vez…? 

Autor: Mons. José Ignacio Munilla Aguirre                    

 

 

            ¿Por qué hay escasez de vocaciones sacerdotales? ¿Será que Cristo llama menos, o será, tal vez, que es menos escuchado? San Juan Bosco y otros muchos santos, lo tenían muy claro...: es por lo segundo. Hay que lavarse bien los oídos y quitar esos tapones que dificultan la audición. Hay que ser breves con las llamadas “tontas” e “intrascendentes”, para que cuando llame “el Importante”, nuestra línea no esté “comunicando”.

            ¿Y no será, también, que es difícil seguir una vocación que, quizás, no comprendemos ni valoramos suficientemente? ¿Apreciamos la vocación sacerdotal? ¿Tenemos una imagen del sacerdocio tal, que si el Señor nos llamase a él, reaccionaríamos con la alegría propia de aquel a quien le ha tocado el gordo de la lotería? Porque… tal vez, en el desconocimiento de lo que es el sacerdocio, radique otra parte, no pequeña, de la crisis vocacional de nuestros días.

            ¿Qué es un cura? ¿Cómo sirve el sacerdote al Reino de Dios y cómo contribuye a la felicidad del hombre y de la mujer de nuestro tiempo?

            + Elegido de Dios: La vocación sacerdotal no es la elección de un oficio, sino una llamada que nos puede dirigir Jesucristo, fijando sus ojos en nosotros, para que identificados con Él, nos dediquemos al servicio de todos los hombres.

            Si me preguntaras el porqué de esa elección, ciertamente, no sabría decírtelo. Desde luego, estoy seguro de que Dios no nos elige porque nos vea capaces, sino que es su misma llamada la que nos capacita para seguirle.

            + Para ser mediador: ¡Fíjate en la cruz! Tiene dos palos: el uno vertical y el otro horizontal. También el sacerdote tiene dos manos: Una para agarrarse fuertemente a Dios, y la otra para tenderla a los hombres, sus hermanos.

Los sacerdotes son colaboradores de los obispos, a los cuales llamamos “pontífices”, que significa “puente”. Es decir, el sacerdocio es un puente entre Dios y los hombres, entre lo divino y lo humano. Jesucristo ha sido el primer Sacerdote, el mediador de esta Nueva Alianza.

+ El hombre de la Eucaristía: El sacerdote no es un teórico de la espiritualidad, sino que nos alimenta de aquello, de lo que él mismo vive. La oración y la Eucaristía son las que le capacitan para entregar su propia vida como alimento por todos nosotros.

Merece la pena recordar el testimonio que nos dio nuestro amado Juan Pablo II, cuando con motivo de sus Bodas de Oro sacerdotales, nos desvelaba el secreto de su vida: “En el arco de casi cincuenta años de sacerdocio, la celebración de la Eucaristía sigue siendo para mí el momento más importante y más sagrado (…). Jamás en el curso de estos años, he dejado la celebración del Santísimo Sacrificio (…). La Santa Misa es de modo absoluto el centro de mi vida y de toda mi jornada.”

            + Padre espiritual: El sacerdote es un padre espiritual, que nos engendra a una vida nueva a través de los sacramentos. Cuando escuchamos de sus labios palabras llenas de autoridad, como “Tus pecados son perdonados”, “Convertíos y creed en el Evangelio” o “Tomad y comed todos de él”…, en realidad, es el mismo Cristo el que está actuando en nosotros con todo su amor y poder, por la mediación del sacerdote.

            + Experto en humanidad: El sacerdote acompaña todo el recorrido de nuestra vida, hasta el punto de que se familiariza con nuestros dolores, anhelos y alegrías… Todo ello le lleva a ser “experto en humanidad”. La vocación sacerdotal le ha permitido acercarse al misterio de la vida “desde dentro”…,  desde el corazón de Cristo.

            En el entorno del día de San José, patrono del Seminario, permíteme, joven de Palencia, que te dirija una pregunta en nombre de la Iglesia: Y tú, ¿no has pensado, alguna vez, si el Maestro te llama y te dice “Ven y sígueme…”? Este es el estribillo de una canción, “Ven y sígueme”, compuesta por un sacerdote español enamorado del Señor, que ahora está de misionero en Australia. Te aconsejo que la escuches y que la lleves a tu oración y reflexión personal. (La puedes bajar en mp3, desde la página web diocesana: www.diocesispalencia.org/libros.htm ). Aquí transcribo algunas estrofas de la canción: 

Y tú, ¿no has pensado, alguna vez, que el Maestro te llama y te dice, “ven y sígueme”? Tu carrera, tus planes, tu novia… ¡qué más da! Pon la mano al arado y no mires atrás.

Todavía recuerdas cómo fue… El pasaba a tu lado, tú te volviste a ver… Ahora todo ha cambiado, ya nada será igual. El es quien te ha llamado, no te puedes negar…

Aunque aún te preguntes el porqué…, Dios tiene sus caminos, tú lo sabes bien… Como niño en sus brazos, aprende a confiar… Para llegar al Cielo, has de hacer su voluntad…

Y tú, ¿no has pensado, alguna vez, en dejar tu trabajo y tus redes para irte con El? A la orilla del lago se encuentra la Verdad, el Camino y la Vida…, ¡no le hagas esperar!

Y tú, ¿no has pensado alguna vez, que el que quiera ganar su vida, la va a perder? Pero, el que ahora la pierda, la encontrará. A la vuelta del tiempo, está la Eternidad.

Y tú, ¿no has pensado alguna vez, en todas esas almas que aún no tienen fe? Si no hay quien les predique, ¿cómo van a creer? Escucha la llamada… ¿qué vas a responder…?

Y tú, ¿no has pensado alguna vez, que lo que tú no puedes…, sí lo puede El? Levanta la mirada hacia la Virgen fiel. Pregúntale a la Esclava qué has de hacer, qué has de hacer…

Y tú, ¿no has pensado alguna vez, que Dios está gritando “a quién enviaré”?  Tienes sólo esta vida para dársela a El. ¡Jesús crucificado tiene sed! ¡Tiene sed…!

Y tú, ¿no has sentido, tú también, su mirada en tus ojos, y su voz, suave y firme, a la vez? Ve y vende lo que tienes, tus proyectos también, da el dinero a los pobres, luego ven y sígueme…

Encomiendo a San José el futuro de nuestro Seminario de Palencia. A él y al beato Obispo Manuel González, les pido que iluminen la repuesta de los jóvenes palentinos a la llamada vocacional de Jesucristo.