El camelo de Cameron.

La Resurrección de Cristo, piedra de escándalo

Autor: Mons. José Ignacio Munilla Aguirre

 

            En días anteriores, hemos asistido a una puesta en escena de James Cameron, el cineasta director de “Titanic”, quien anunciaba en una rueda de prensa, el estreno de su documental: "La tumba perdida de Jesús". Se han invertido cinco años en la producción del documental, lo cual ya da una idea de la dimensión comercial del proyecto.

            El “numerito” de Cameron ha sobrepasado los límites a los que estamos acostumbrados. ¡Ahí es nada!, se presentaba ante los medios de comunicación, acompañado de la supuesta tumba del mismísimo Jesucristo, trasladada desde Israel a New York para su puesta en escena.

            Entre todos los comentarios que he escuchado, me quedo con el de nuestro querido palentino de Cevico Navero, el padre franciscano Artemio Vítores, Vicecustodio de Tierra Santa: «¡A ver a qué precio salen ahora las reliquias!; todo esto es un insulto a la inteligencia, antes que a la fe».

            + Llueve sobre mojado: ¿Se acuerdan ustedes de cómo en el año 2002 se nos dio el “notición” de que se había descubierto en Israel una urna funeraria con una inscripción en arameo en la que se leía: “Jacob, hijo de José, hermano de Jesús”? Aquella noticia tuvo una resonancia muy grande, porque parecía demostrar que la Virgen María tuvo más hijos; y a partir de aquí, se creaba un clima de desconfianza hacia la predicación de la Iglesia. Corrieron ríos de tinta y se dio lugar a múltiples tertulias radiofónicas y televisivas de cariz crítico. Fue un caldo de cultivo inmejorable para impulsar el género literario de novela esotérica anticatólica, al estilo del Código Da Vinci. Pues bien, unos años más tarde, en enero de 2005, un tribunal israelí condenaba a seis marchantes de arte (cinco israelíes y un palestino), entre ellos Oded Golan, un rico coleccionista, por haber falsificado aquella urna funeraria, haciéndonos creer que era una reliquia bíblica. Evidentemente, la noticia de la sentencia pasó inadvertida para la opinión pública. Así se hace la historia, y así se manipulan las conciencias.

            + ¿Qué se ha encontrado?:  En la ocasión presente, se trata de unos osarios descubiertos en 1980 en una galería subterránea, durante los trabajos de construcción de una urbanización residencial en el distrito de Talpiot, de Jerusalén. Se encontraron diez urnas fúnebres, pertenecientes, al parecer, a la misma familia y seis de las cuales llevan inscripciones que identifican a los fallecidos como “Jesús, hijo de José”, “María”, “José” (que sería un hermano de Jesús –lo cual supondría que la Virgen María habría tenido más hijos-), “Matia” (otro familiar), “Maríname” (María Magdalena, compañera de Jesús, según el documental) y un niño llamado “Juda, hijo de Jesús”.

            + ¿Qué hay de cierto?: Parece ser que se han hecho las pruebas de ADN a los restos del osario, y se datan en el siglo primero. Esta fecha, unida a los nombres anteriores –interpretados con mucha imaginación, todo hay que decirlo-, llevan a que se afirme en el documental, que estamos ante una prueba de que Jesús no resucitó, de que tuvo hermanos, de que se casó con María Magdalena, y de que tuvo un hijo…

            La Autoridad Arqueológica Israelí es la responsable de más de 30.000 hallazgos arqueológicos en Tierra Santa, entre los que se encuentran miles de tumbas similares a la del documental. Los primeros escépticos ante la noticia han sido los propios arqueólogos que estudiaron en su día la tumba. Por ejemplo, Amos Kloner, catedrático emérito de la Universidad de Bar-Illan y director de las labores arqueológicas realizadas en los ochenta en Talpiot, ha afirmado que en las últimas décadas se encontraron ya tres o cuatro osarios de la época con la inscripción "Jesús, hijo de José".

            Por si no se hubiesen despejado las dudas, Kloner añadió que "es una historia genial para un telefilm", pero que lo narrado en el documental "es imposible, un sinsentido": "No hay ninguna probabilidad de que Jesús y sus familiares tuvieran una tumba familiar. Eran una familia de Galilea sin lazos en Jerusalén. La tumba de Talpiot pertenecía a una familia de clase media del siglo I d.C.".

            Los puntos de vista de Kloner fueron respaldados por otros expertos, como Shimon Gibson, quien también participó en su día en las labores en Talpiot, o Danny Bahat, actualmente profesor de la Universidad de Toronto. Bahat estableció una comparación con "El Código Da Vinci" y consideró que el nuevo documental es pura ficción, que toma "dos hechos correctos" y los rodea de "confusión".

            + Importancia de la Virginidad de María y de la Resurrección de Cristo: No es casualidad que los ataques contra el cristianismo se estén concentrando, una y otra vez, en estos dos puntos básicos de nuestra fe: la Resurrección de Jesucristo y la Virginidad de María (que incluye la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo). Es una claro intento de minar nuestra adhesión a Jesucristo como el Hijo de Dios. La negación de la Virginidad de María, pretende ignorar el origen divino de Jesús. Mientras que la negación de la Resurrección de Cristo, condena a la ineficacia la sangre redentora de Cristo derramada en la cruz, además de comportar la renuncia a la esperanza en la vida eterna.

            A lo anterior, podemos añadir otra tendencia obsesiva: la negación del celibato de Cristo. La pretensión de que Jesucristo se hubiese casado con María Magdalena, aparte de no tener dato alguno en el que fundamentarse, es una manifestación indisimulada de un laicismo rabioso, incapaz de comprender el don de la vida consagrada.

            Por todo ello, además de constatar el ridículo protagonizado por el “camelo” de Cameron, no podemos por menos de hacer memoria de las proféticas palabras dirigidas por el anciano Simeón a la madre de Jesús: « Este está puesto para caída y elevación de muchos, y para ser señal de contradicción…» (Lc. 2, 36).  Lejos de turbarnos por los ataques contra nuestra fe (y ¡contra la inteligencia! -como decía el P. Artemio-), nos disponemos a proclamar una vez más: ¡Salve, cuerpo de Cristo, nacido de María Virgen, resucitado glorioso de entre los muertos…!