Todas las religiones no son iguales

Autor: Mons. José Ignacio Munilla Aguirre

 

 

Ya ha pasado el tiempo suficiente desde la polémica surgida en torno al discurso del Papa en Ratisbona (Alemania), como para extraer algunas conclusiones y hacer algunas aplicaciones. ¿Cometió el Papa un error? ¿Acaso el diálogo interreligioso debe limitarse a los gestos diplomáticos, hasta el punto de renunciar al juicio sobre la veracidad y la bondad de las religiones?

+ Diálogo interreligioso y relativismo: No sería correcto confundir el diálogo interreligioso propugnado por la Iglesia Católica con el relativismo tan extendido en nuestra cultura, el cual viene a presuponer, poco más o menos, que todas las religiones son iguales. Es cierto que todas las religiones son respetables, tienen elementos positivos y que debemos trabajar conjuntamente por la mutua comprensión y colaboración en favor de un orden mundial justo y pacífico. Pero eso no supone que el hombre creyente haya dejado de tener el derecho y hasta el deber de seguir la religión que en su conciencia ha conocido como “suprema verdad”.

Recuerdo que una de las mayores tonterías que he escuchado en TV, fue la de un conocido director de programas de debate cultural-esotérico-filosófico, quien se declaró públicamente como “ferviente cristiano, budista convencido, fiel musulmán, y judío apasionado…”

+ Cristianismo, Islam, violencia y razón: La doctrina de Jesucristo sobre la violencia es muy clara: “Guarda tu espada, Pedro, porque quien a espada mata, a espada muere”. A Juan Pablo II y a todos aquellos católicos que buscan limpiamente la verdad, no les han dolido prendas a la hora de pedir perdón por los momentos históricos en los que nuestros hermanos en la fe incumplieron el mensaje de Cristo.

            El caso del Islam, sin embargo, es distinto. En el Corán se presenta el Islam como religión de paz, al mismo tiempo que en otros pasajes se recuerda el deber del musulmán de acudir al llamado de la guerra santa. Mahoma mismo, al contrario que Jesucristo, practicó la guerra como medio de extensión del Islam.

            Uno de los problemas de fondo que diferencia al Islam del Cristianismo es la relación fe-razón. El Islam exalta la trascendencia de Dios hasta el límite, de forma que lo sobrenatural podría llegar a ser irracional. El Cristianismo entiende que aunque la fe trascienda la razón (es suprarracional), no puede llegar a ser nunca irracional. Fe y razón no pueden ser nunca incompatibles para el Cristianismo, al contrario que para el Islam.

+ Cristianismo, reencarnación y justicia social: La creencia en la reencarnación conlleva como consecuencia una religiosidad desencarnada y desentendida de la justicia social. Es muy difícil que partiendo de esa creencia pueda superarse la tentación de reducir la religión a un intimismo desconectado de la realidad, a la que se considera como un disfraz del que estamos llamados a desprendernos. Mientras que la fe cristiana en la “resurrección de nuestros cuerpos” implica que todo lo material interesa e implica el Reino de Dios, la fe en la reencarnación desemboca en un dualismo alienante, que divide e incomunica el mundo material y el espiritual.

            En resumen: el pensamiento políticamente correcto y secularizado de nuestros días pretende fundar el diálogo interreligioso en el simple arte de la diplomacia. Es una pretensión del todo inconsistente. El diálogo supone también unas certezas de partida, además de la debida libertad en el uso de la razón para poder expresarlas.  

+ José Ignacio Munilla Aguirre

Obispo de Palencia