Comunicación del Obispo de Palencia

en el inicio del ministerio episcopal (10-9-06)

Mons. José Ignacio Murilla

 

Me parece estar reviviendo en este momento aquel pasaje del evangelio de San Lucas, en el que se nos narra la visita de Jesús a la sinagoga de Nazaret. Desenrollando el libro de Isaías, dio lectura al pasaje que dice: “El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva , me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista  a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos  y proclamar un año de gracia del Señor.”(Lc 4, 16ss).  Enrollando el volumen, lo devolvió al ministro. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él.  Comenzó, pues, a decirles: « Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy. »  

Pues bien, queridos hermanos, Dios ha tenido misericordia, una vez más, de todos nosotros, prolongando el pastoreo de su Hijo Jesucristo con el ministerio episcopal… Saliendo en socorro de la orfandad moral que padece nuestra sociedad, el Corazón de Cristo se compadece al vernos como ovejas sin pastor.  

Como podéis suponer, al recordaros esta providencia de salvación de Dios para con todos nosotros, a mí me impresiona especialmente el hecho de que sea yo el instrumento elegido para llevar a cabo esa tarea. Por ello, por la convicción de que Dios me ha llamado para trasmitiros algo que supera a todas luces mi condición pecadora, he querido elegir como escudo episcopal la imagen del Corazón de Jesús, con el lema “En ti confío”.  

Dicho de una manera gráfica: Tras este anillo episcopal que he recibido en esta liturgia episcopal, y que significa el desposorio de Cristo con la Iglesia (el obispo se desposa con la Iglesia), se esconde otro anillo: la alianza del desposorio de nuestra alma con Jesucristo:  

No se puede ser esposo de la Iglesia, sin estar desposado al mismo tiempo con Jesucristo. //  De la misma forma que no se puede ser pastor, si al mismo tiempo no se es oveja dócil. //  No se puede mandar, si al mismo tiempo no se sabe obedecer. // No se puede enseñar, si olvidamos nuestra condición de permanentes discípulos. // No se puede hacer correcciones, si quien las hace no es humilde. // En definitiva, no se puede ser escultor, si no se tiene la experiencia de ser arcilla…

 

Por eso, entiendo que todo se resume en que el Señor me ha elegido como instrumento suyo, para hacer con los demás lo que El hace conmigo. Este anillo episcopal significa al “esposo de la Iglesia”, porque, como os decía, implícitamente significa de una forma previa mi “desposorio con Cristo”. Ya sabemos que, por desgracia, la santidad no va intrínsecamente unida al ministerio jerárquico, pero es el ideal… y es la única manera de que el Reino de Cristo venga a nosotros. Me encomiendo a mi predecesor, el beato Manuel González, en quien de una manera tan plena se fundió el ser obispo y santo.

 

En este día tan señalado, quiero solicitar de todos vuestra colaboración para que creemos un clima en el que este ministerio episcopal que la Iglesia me ha encomendado, pueda sea ejercido con “libertad evangélica”. Y.. ¿cuáles podrían ser los principales obstáculos para llegar a crear ese necesario clima de libertad evangélica? Permitidme señalar tres:

 

 

 

 

Queridos hermanos, ¡tan mimado me siento de Dios! que después de pensarlo, he decidido renunciar a hacer en este momento una acción de gracias detallada. Os iba a cansar con infinidad de referencias de mi vida, y me sería muy difícil hacerlo sin caer en olvidos. ¡Tantas han sido las personas que Dios ha puesto en mi camino como reflejo de su amor! Quiero que todos os sintáis incluidos en la acción de gracias que dirijo a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; así como a María, que con tanto esmero ha cumplido aquella tarea que su  Hijo Crucificado le encomendó en el Calvario: “ahí tienes a tu hijo”.  

Como os digo, os pido que os sintáis todos incluidos en esa acción de gracias. Quiero deciros que me he sentido impresionado desde el primer momento por la acogida de esta diócesis. A los pocos minutos de hacerse público mi nombramiento el 24 de Junio, llegaba un fax a mi despacho de Zumárraga, con remite de la diócesis de Palencia, que decía simplemente: “Bendito el que viene en nombre del Señor”.  

¡Gloria a Dios por la fe de este pueblo, por su caridad, y por la esperanza tan grande que ha depositado en su pastor! ¡Le pido a Dios no ser estorbo, sino instrumento de sus designios para con vosotros! ¡Gloria a Dios por sus obras! ¡Gloria a Dios por su misericordia!