Entrevista

DEIA

Autor: Mons. José Ignacio Munilla Aguirre  

 

 

1.    ¿Haber sido el Obispo más joven de España da caché o es anecdótico?

 

 Dice bien… “haber sido”, porque ya no lo soy. El más joven, ahora mismo, es D. Mario Iceta. La vida pasa a una velocidad de vértigo, y sería absurdo sentirse “orgulloso” de ser joven…

 

2.       ¿Ser el pastor de la propia diócesis, qué sensación le produce? ¿Es la misma que cuando le dijeron para ir a Palencia?

 

No es lo mismo, porque ir de Zumárraga a Palencia supuso para mí el reto de ser nombrado obispo e iniciarme en el gobierno de una diócesis, de lo que yo no tenía experiencia. Ahora no voy a decir que no me dé algo de vértigo, pero estamos un poquito más curtidos…

3.       Dicen que dicen en los mentideros eclesiales, y también en los políticos, que usted es el protegido (¿tapado?) de monseñor Rouco Varela. ¿Se acercan algo a la verdad?

 

 Eso ya lo empecé a escuchar, en el mismo momento en que fui nombrado obispo de Palencia, y el caso es que yo ni tan siquiera conocía a Mons. Rouco… Lo verdaderamente cierto, sin embargo, es que en estos tres años como obispo, me ha impresionado la unidad de criterio que existe entre los obispos. No conozco otro colectivo en esta sociedad más unido. Me da la risa cuando escucho noticias que pretenden enfatizar las luchas de poder entre los obispos y ese tipo de cosas… Creo que se distorsiona la realidad desde unos prejuicios novelescos…

 

4.       Progresista-conservador; integrista-dialogante, nacionalista-españolista… ¿Le gusta que le encasillen en algunas de estas categorías dicotómicas?

 

He tenido ocasión de expresar en diversos foros que, todos esos “parámetros” son una simplificación, cuando no una deformación, de la experiencia de la vida, que es mucho más rica. Ese tipo de categorías termina por provocar que nos sintamos dispensados de aproximarnos a la realidad con nuestro juicio propio... Me parece un lenguaje obsoleto.

 

5.       Si se hubiera que definir como Pastor/Obispo/Ordinario de la diócesis de Gipuzkoa/Guipúzcoa. ¿Cómo lo haría?

 

 Bueno, no son términos excluyentes… pero el que mejor sintetiza la realidad es el de “obispo”, y el que la explica de forma más pedagógica, es el de “pastor”.

 

 

6.       Leyendo lo que leo ahora en los medios, la diferencia entre lo que usted dice que es y como es, y lo que estos medios dicen que usted hasta ahora ha hecho por como es, resulta bastante grande. ¿Dónde ve usted la diferencia?

 

 Bueno, la verdad es que no recuerdo haber hecho ningún autorretrato de mi persona, sino solamente he respondido a las cuestiones que se me han preguntado. En cualquier caso, me parece indispensable “conocernos” antes de “juzgarnos”.

 

7.       (Ya sé que tendemos a encasillar a las personas y más a las que acceden a puestos relevantes, pero permítamelo) Unos medios: El Mundo, ABC, La Razón, incluso El Correo Español… le tratan como un auténtico enviado de Dios (casi naturalizado español), mientras que otros, no digo que como un martillo de herejes, pero sí dirigente cualificado de una cruzada. ¿Cómo se explica esta divergencia a los feligreses católicos/vascos/guipuzcoanos?

 

No sé yo, si estoy muy de acuerdo con ese “resumen de prensa”, pero bueno…. Me parece que sería muy tonto si me “creyese” las alabanzas de los forofos, y sería muy pusilánime si me “viniese abajo” por las críticas de quienes muestran su animadversión visceral. ¡Ni tanto, ni tan calvo!

 

 

8.       Con todos mis respetos. Leo en los medios sus palabras presentando al cristianismo como una necesidad para superar los problemas de convivencia, para lo cual es preciso despolitizarla. ¿Debo entenderlo como que hay que sacar las ideas del nacionalismo vasco del cristianismo? ¿También se refiere a sacar las ideas españolas?

 

Para que la comunicación sea posible, no hay que reinterpretar las palabras, sino comprenderlas en su sentido estricto… “Despolitizar” es un término genérico, que, por cierto, no sólo se refiere al binomio nacionalismo-centralismo, sino también al de derecha-izquierda. Uno de los grandes aportes del humanismo cristiano, es la relación personal, por encima de las etiquetas ideológicas…

 

 

9.       ¿Cree firmemente en lo que significa ser católico como igual a universal?

 

Sí, lo creo con toda mi alma. Si el Papa me lo hubiese pedido, yo habría ido al cono sur de África, con la misma alegría que voy a San Sebastián…

 

 

10.   ¿Cómo espera que le reciban sus nuevos feligreses con este ruido mediático alrededor de su nombramiento?

 

 Yo estoy convencido de que la gran mayoría de los fieles guipuzcoanos están muy por encima de ese ruido mediático… Su fe “adulta” les llevará a recibir al nuevo obispo, como sucesor de los apóstoles, por encima de filias o fobias.

 

11.   Tras la movida a través de su nombramiento. ¿Cómo espera que sea su recibimiento y sus relaciones con las instituciones: Gobierno, Diputación…?

 

Tampoco me cabe duda de que nuestros políticos tienen la madurez necesaria para entender que las relaciones institucionales son básicas y necesarias.

 

12.   (¿Usted es euskaldun?) La realidad sociolingüística es la que es, ¿Cuál es su posición sobre este tema?

 

Sí, soy euskaldun. En la Iglesia utilizamos las diversas lenguas, según la necesidad pastoral, al servicio de la evangelización.

 

 

13.   Cambiando de tercio. El déficit de sacerdotes es cada vez más notable. ¿Trae en cartera alguna receta para la “enfermedad”?

 

El problema vocacional no es un problema distinto al problema de la secularización… La mejor promoción vocacional es la vivencia del sacerdocio en gozo y plenitud, ante los ojos del mundo.

 

 

14.   Más grave que lo anterior es el descenso de número de feligreses, que resulta muy alarmante. ¿Trae en proyecto algún camino nuevo? ¿los modernos medios de comunicación tal vez?

 

Las nuevas tecnologías adaptadas a la predicación de la fe, ciertamente, son importantes… Pero el problema no es únicamente de método, sino que requiere también nuestra conversión interior, como nos insiste continuamente el Papa. ¡Sólo los enamorados enamoran!

 

 

15.   Divorcio, aborto, R-U, matrimonio gay… son puntos claros en la doctrina cristiana-católica. ¿En una sociedad no confesional los posicionamientos de la Iglesia deben obligar a los ciudadanos que no pertenecen a la confesión?

 

 Hay que distinguir aquellos aspectos morales que son de ley natural y, por lo tanto, válidos para todo hombre, de aquellos otros específicos del creyente. Por poner un ejemplo: nosotros no afirmamos que el aborto es malo por el hecho de que lo consideremos un pecado; sino que, al contrario, pensamos que es pecado, porque es malo y contrario a la dignidad del hombre, ¡que es muy distinto!

 

16.   Enseñanza religiosa, educación para la ciudadanía… ¿Cuál cree que es el camino? ¿El que toma el Estado es el correcto?

 

 El camino correcto es el respeto y el apoyo a la voluntad de los padres en la educación de sus hijos, sin caer en la tentación de controlarlo todo al servicio de las ideologías políticas de turno.  El estado no es el educador de los hijos.

 

17.   El enfrentamiento Iglesia-Gobierno es frecuente. Pero en los presupuestos los dineros para la religión católica son sustanciosos. ¿Cree que en Euskadi-Gipuzkoa hay masa crítica para prescindir de este presupuesto-dependiente?

 

Pongamos un ejemplo: el dinero que se destina a impartir la asignatura de religión en la escuela, no es ningún regalo de las administraciones a la Iglesia; sino que es la canalización de los impuestos que los padres han pagado, para que sus hijos sean educados según sus convicciones. A veces, parece que nos olvidamos de dónde ha salido el dinero de los presupuestos públicos…

 

 

18.   Hablamos del poder de los medios, de la iglesia, de las jerarquías y sus nombramientos… pero en el trasfondo hay siempre dos temas: que nuestra sociedad cada vez es más ideológica en pro/contra de lo religioso y que nuestros jóvenes se alejan, no del sentimiento religioso, pero si evidente y masivamente de las prácticas religiosas. ¿Cuál es su receta para corregir la sangría?

 

Creo que la clave está en la experiencia personal y profunda de la fe. Cuando conocemos el hecho religioso por los ecos del entorno (a veces muy distorsionados), somos perfectamente manipulables… Tampoco sirve la mera tradición, es necesario tener un encuentro personal con Aquél que nos dijo: “venid y lo veréis” (Jn 1, 39).