Entrevista

Noticias de Gipuzkoa

Autor: Mons. José Ignacio Munilla Aguirre  

 

 

-       ¿Se esperaba el revuelo que ha creado su nombramiento como nuevo obispo? 

Entiendo que ese “revuelo” haya alcanzado más eco mediático que la acogida serena de la mayoría de nuestras comunidades cristianas. Pero, sin embargo, nos equivocaríamos de lleno si nos quedásemos con esa “foto” parcial. Un cierto nivel de revuelo, era previsible, porque todos conocemos el terreno y hay precedentes. 

- Parece que la Iglesia palentina observa con tristeza su partida. ¿Cómo definiría su labor al frente de la diócesis en estos tres años? 

Para mí ha sido una experiencia inolvidable. A lo largo de estos días he comentado que, si Zumárraga fue el lugar en el que aprendí a ser sacerdote, Palencia ha sido para mí una auténtica escuela de “pastoreo” episcopal… No sé cuánto habré podido aportar en estos tres años, pero yo he aprendido mucho. 

-          Sin embargo, su nombramiento como nuevo obispo de Donostia ha ocasionado “preocupación, dolor e indignación” en un sector de cristianos comprometidos. ¿Es difícil ser profeta en la tierra de uno? 

 Está claro que las expectativas de esos sectores eran otras… Yo les respeto, sinceramente, pero al mismo tiempo añado que tenemos que dar un voto de confianza al Papa. Yo, por mi parte, quiero presentarme humildemente ante ellos, con la paz y la libertad de quien no ha buscado nada por su cuenta.  

-          Le acusan de actuar por libre, de haber mostrado “una desafección manifiesta hacia las líneas pastorales diocesanas” mientras fue sacerdote en Zumárraga. ¿Es justa dicha percepción? 

Hoy en día se está extendiendo un género de imputaciones, propias de “blog de Internet”, donde desde el anonimato, fácilmente, se lanza la piedra y se esconde la mano… Mi relación con los sacerdotes del arciprestazgo ha sido siempre cordial y leal, y desde luego, a mí nadie me ha formulado nunca ese tipo de acusaciones. 

-          ¿Le parece oportuno el documento crítico que ha hecho público este grupo de cristianos? ¿Entiende la llamada de estos cristianos a acogerle “con responsabilidad” pero “con actitud crítica constructiva y fraterna”? 

La actitud crítica constructiva y responsable, la debemos tener siempre todos los cristianos, sin que deba ser nunca una excusa para la desafección. Uno de los mejores indicios de su autenticidad, es la propia autocrítica, además de la apertura a la corrección fraterna. 

-          La Iglesia guipuzcoana viene profundizando en los últimos años en los postulados del Concilio Vaticano II. ¿Seguirá en esa línea? ¿Qué impronta tratará de imprimir a la diócesis? 

No se trata de una mera “línea” diocesana, sino del camino emprendido por la Iglesia Católica Universal. No olvidemos que el actual Papa fue uno de los peritos más destacados de aquel Concilio.

Por lo pronto, en el presente Curso Pastoral, la Diócesis ha recibido unas pautas pastorales de D. Juan María Uriarte, que me parecen muy prácticas y esenciales. Es obvio que tenemos que continuar trabajando en su puesta en práctica. 

-          ¿Qué recuerdo tiene de la Iglesia de Gipuzkoa? ¿Qué diferencias observa entre la sociedad palentina y la guipuzcoana? 

Los retos que afronta la Iglesia católica en occidente, son sustancialmente los mismos que en todos los lugares. El fenómeno de la secularización es omnipresente y se presenta ligado a una especie de globalización cultural, hasta el punto de generar una cultura de pensamiento único… Pero, al mismo tiempo, está claro que la labor de la Iglesia tiene que ser adaptada al terreno. La sociedad guipuzcoana es más próspera económicamente, pero está más secularizada que la palentina; a ello han contribuido diversos factores, como la industrialización, la politización, etc.

Yo creo que se está haciendo un gran esfuerzo –tanto en la Diócesis de Palencia como en la de San Sebastián- para responder a los retos que nos plantea nuestro entorno. 

-          Desde algunos partidos políticos también le han llovido críticas. ¿Se considera a sí mismo conservador?

 

Lo he dicho ya en muchos ámbitos y no quisiera ser repetitivo… pero, ¡no creo en esas etiquetas! Ortega y Gasset calificó de hemiplejia moral al intento de explicar la realidad social bajo los parámetros de izquierda/derecha, conservador/progresista.

Con respecto a las críticas de los partidos políticos, yo renuncio a cualquier tipo de polémica artificial, pero sin dejar de reivindicar la autonomía de la Iglesia. 

-          ¿Cómo puede ayudar la Iglesia guipuzcoana a conseguir la paz y el entendimiento? 

La gran aportación del mensaje cristiano, sin duda alguna, es la conversión… La paz no será definitiva si no va acompañada de muchos procesos personales de transformación interior. Dicho de otro modo, la reconciliación requiere la justicia, la cual no podrá ser alcanzada sin la caridad. 

-          Siempre ha defendido el uso de los medios de comunicación para trasladar el mensaje de la Iglesia. ¿La comunicación es una de las asignaturas pendientes de la religión católica? 

Hace poco estuve en un curso sobre comunicación, organizado para obispos, y allí nos decían: «¡tienen ustedes el mejor “producto”, y paradójicamente son ustedes los “perdedores” en la puesta en escena mediática!». Es obvio que nos cuesta comunicar con la rapidez y la brevedad con que se transmiten hoy los mensajes. Tendremos que espabilar, aunque también hay que recordar, en honor a la justicia, que la Iglesia no ha llegado tarde a Internet, y que éste es un medio en el que se siente muy cómoda, quizás por el margen superior de libertad, frente a la dictadura del pensamiento único. 

-          ¿Observa una brecha cada vez mayor entre la sociedad y la Iglesia? 

La secularización avanza, eso es obvio… Recientemente hicimos una encuesta sobre el posicionamiento de los jóvenes ante la Iglesia. Las respuestas eran duras, pero había un dato que a mí me llenó de esperanza: los jóvenes que tenían un contacto real con la Iglesia, la valoraban mucho más positivamente que los que emitían su juicio sin ese conocimiento directo. 

-          Sus declaraciones en contra de la nueva Ley del Aborto también han causado polémica. ¿Se reafirma en que, quien apoye la reforma, es cómplice de asesinato? 

Lo afirmado por la Iglesia, demuestra que nuestra postura en relación al aborto no es una postura machista, como se nos ha acusado desde postulados feministas. La Iglesia ha recordado que las responsabilidades morales del aborto no se limitan a la madre, sino que existen muchas complicidades: el progenitor que se desentiende del “paquete”, quienes aconsejan y hasta presionan; los empresarios del aborto que hacen su negocio; los sanitarios que actúan contra su propia ética profesional… y los políticos que dan amparo legal a la eliminación de la vida de los inocentes. 

-          Los representantes de la Iglesia alzan la voz para criticar duramente cuestiones como el aborto y la eutanasia. ¿Por qué ese mensaje no se percibe con tanta contundencia contra quienes ponen en marcha una guerra o contra las empresas que, con su actividad, dañan la salud e incluso la vida de muchas personas? 

Permítame que yo también le traslade a usted la misma pregunta… Le pongo el siguiente ejemplo: acabamos de terminar la Plenaria de la Conferencia Episcopal, en la que hemos tratado, entre otros muchos temas, el de la ley del aborto y las situaciones de pobreza que está generando la crisis económica. En nuestro trabajo y en la rueda de prensa conclusiva, hemos dedicado mucho más tiempo al segundo tema que al primero, aunque no me cabe la menor duda de que los medios van a recoger exclusivamente la noticia del posicionamiento de la CEE sobre el aborto… Traslado la pregunta a todos, para que meditemos el porqué de este hecho inexorable. 

-          ¿Qué opina de la utilización de las células madre o de los llamados niños medicamento para curar algunas enfermedades? 

En ese caso concreto, el verdadero reto está en sanar sin eliminar para ello ninguna vida humana… Es un error invocar lo “terapéutico”, con la pretensión de saltarse el debido discernimiento ético. ¡El fin no justifica los medios!

La dignidad de la vida humana ha de ser reconocida, independientemente de la fase en la que se encuentre. El embrión humano no puede ser utilizado para un fin que no sea su propio bien. No se puede quitar importancia al hecho de que una sanción haya tenido lugar a costa de la eliminación de los embriones enfermos y eventualmente de aquellos que, estando sanos, no eran compatibles genéticamente.

            Existen otros caminos “éticos” para procurar la sanación, y de hecho, ya están en marcha en muchos lugares. La alternativa científica al “bebé medicamento”, es la potenciación de los actuales bancos de sangre de cordón umbilical, de forma que haya la suficiente oferta como para posibilitar la consecución de donantes compatibles.  

-          A usted, entre otras cosas, se le valora su trabajo y cercanía hacia los jóvenes. ¿Cómo observa la juventud de nuestra sociedad? ¿Es tan latente la ausencia de valores? 

Yo creo que en la juventud actual conviven dos almas: el idealismo y el materialismo. Es difícil cuantificar en qué proporción, pero está claro que ambas están presentes (¡ojo, igual que en los adultos!). Yo estoy plenamente convencido de que Jesucristo es la auténtica respuesta al más genuino idealismo de los jóvenes, y le pido a Dios desgastar mis energías intentando ser testigo de esta certeza. 

-          ¿Cuál será la primera decisión que tomen como obispo de Donostia? 

Mi primera decisión va a ser ordenar mi agenda, de forma que tenga el máximo tiempo posible para la oración y para los encuentros personales…