Saludo del nuevo obispo a la Diócesis

Autor: Mons. José Ignacio Munilla Aguirre  

 

 

Muy queridos fieles guipuzcoanos: 

Como bien sabéis, el pasado sábado 21 de noviembre, festividad de la Presentación de la Virgen Maria en el Templo, se hizo público mi nombramiento como Obispo de esta Diócesis de San Sebastián. Será el 9 de enero, Dios mediante, cuando tendrá lugar la ceremonia de Toma de Posesión, en la catedral del Buen Pastor.

Al presentarme ante vosotros, no lo hago en nombre propio, sino como enviado por nuestra Madre Iglesia, continuando así la Sucesión Apostólica que nos une sacramentalmente con Jesucristo. Pero quisiera que este primer contacto fuese también el inicio de una comunicación con vosotros, lo más personal y directa posible. ¿Cómo no hacer presentes las palabras del Evangelio de San Juan, en las que se recuerda que el Buen Pastor conoce a las ovejas por su nombre, y que éstas también le conocen a Él (cfr Jn 10, 3)?

Soy hijo de esta Diócesis, de la que ahora se me pide que también sea padre… En estos días vengo meditando con frecuencia que, para pasar de la condición de “hijo” a la de “padre”, es importante que, al mismo tiempo, fortalezcamos entre nosotros la condición de “hermanos”. Por ello, en este saludo quiero ponerme incondicionalmente a vuestra disposición, al mismo tiempo que solicito vuestra ayuda en la tarea que me ha sido encomendada. De sobra sabemos que ninguno de nosotros somos imprescindibles en esta vida; pero, al mismo tiempo, Dios ha querido necesitar de todos y de cada uno para construir su Reino.

A modo de presentación, os diré que he tenido la gracia de crecer y ser educado en una familia profundamente católica, y que realicé mis estudios en el Colegio de los Corazonistas de Mundaiz; todo ello bajo la mirada del Corazón de Cristo que nos preside desde el monte Urgull de San Sebastián. Por ello, cuando hace poco más de tres años fui consagrado obispo, elegí como escudo episcopal ese símbolo de amor y gracia que es el Corazón de Jesús; acogiéndome al lema “En Ti Confío”. Lo hice consciente de que en este signo se resume todo el Evangelio: Dios nos ama, de forma que nuestra felicidad consiste en dejarse amar y en cumplir gozosamente su voluntad.

Sé que esta primera comunicación debe de ser breve… Pero no quiero dejar de manifestar dos sinceros agradecimientos: el primero, al Papa, por la confianza que ha depositado en mí, de la cual, a decir verdad, me siento indigno; y, el segundo, a D. Juan María Uriarte, por su acogida paternal y por sus sabios consejos. ¡Tengo muchísimo que aprender de la experiencia y la entrega abnegada de ambos!

Por último, quiero que sepáis que desde que recibí la noticia, estoy rezando más que nunca por todos vosotros; al igual que muchos lo estáis haciendo por mí… Es importante que tengamos una viva conciencia de la gran fuerza que tiene la oración del Pueblo de Dios, cuando reza con un solo corazón. La Virgen María, nuestra Madre, está en medio de nosotros, fortaleciendo la comunión entre sus hijos e intercediendo, como lo hizo en Pentecostés, para que la llegada del Espíritu Santo nos dé un nuevo impulso en esta etapa que emprendemos juntos. 

¡Que Dios os bendiga! 

+ José Ignacio Munilla Aguirre

Obispo electo de San Sebastián